La unidad de auxilio que presta servicio al distrito municipal de Jicomé, en la provincia Valverde, sortea ahora un peligro doble: al deterioro estructural del inmueble que ocupa desde hace más de diez años se añade la notificación de desocupación cursada por el dueño del terreno. El caso lo documentó Diario Libre en un trabajo de campo publicado este sábado, que horas después reprodujo Remolacha.
La estación funciona en una casa cedida en calidad de préstamo por un particular, con la particularidad de que los daños visibles en muros y techo suponen un riesgo incluso para quienes allí trabajan. La dotación la componen trece voluntarios, sin cuartel propio, que apenas disponen de un camión bomba, también allegado por terceros. Tampoco cuentan con el instrumental ni los pertrechos mínimos para atender las emergencias. La combinación de precariedad material y la exigencia de devolver el solar mantiene a todo el personal en vilo.
Los trece miembros llevan asentados allí más de una década, a partir del momento en que un ciudadano facilitó el local para que la brigada pudiera echar a andar. Las fotografías que acompañan el reportaje del diario revelan una edificación de madera con cubierta de zinc, remendada a lo largo de los años.
En ese contexto, la posibilidad de quedarse sin techo se suma a la falta de equipos y de herramientas para dar respuesta a las situaciones de peligro. Los socorristas continúan protegiendo a la comunidad de llamas, colisiones y demás urgencias, en una labor que ejercen sin sede propia, con recursos ajenos y bajo la espada del eventual desahucio.
Diario Libre dio cuenta este sábado de esta realidad en una crónica que retrata cómo los apagafuegos de la demarcación arrastran más de diez años operando en un espacio que no es suyo y en condiciones insuficientes, mientras arriesgan la vida en cada salida.
Con información de Diario Libre y Remolacha.
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