-A propósito del 127 aniversario del ajusticiamiento de Lilís-
El 26 de Julio huele a pólvora en el epicentro del Caribe.
En 1953 causó estruendo en Moncada, Cuba, la Isla Fascinante.
En 1899 retumbó en Moca, República Dominicana.
Ambos acontecimientos cambiaron la historia.
Uno sembró una revolución que tardó 6 años.
El otro apagó, esa misma noche, 17 años de dictadura.
La noche del 26 de Julio de 1899, Ulises Heureaux “Lilís” cayó abatido en la calle El Sol de la comunidad mocana.
Murió ahí mismo.
Con él se apagó el último gran caudillo del Siglo XIX.
No fue un magnicidio cualquiera.
Fue el punto final a una era de corrupción, oprobios, represión y crímenes.
Lo paradójico de Lilís es que nos dejó luces y sombras del mismo tamaño, que reflejan remozamiento y deuda, además de orden y miedo.
Por eso su muerte no puede contarse sólo como crimen o justicia.
Lilís modernizó el país con el telégrafo y el ferrocarril, pero lo endeudó y concentró el poder de una manera ilimitada.
Su ajusticiamiento fue bisagra en tanto cerró un ciclo autoritario y abrió el Siglo XX dominicano.
Como paradoja, Moca ejecutó su “Moncada” 54 años antes que Cuba.
La Isla Grande Caribeña falló en armas, pero ganó en idea.
La comarca mocana, en cambio, ganó en hechos, pero perdió memoria.
Siendo de esa manera, hoy, el 27 de Febrero y el 16 de Agosto permanecen en el alma nacional.
En cambio, el 26 de Julio de Moca sigue ausente.
Y esa omisión nos empobrece, porque olvidar cómo cerramos ciclos oscuros es arriesgarnos a repetirlos.
El próximo domingo 26 de Julio de 2026 se cumplen 127 años del histórico ajusticiamiento en la denominada “Villa Heroica” y no debemos dejarlo pasar como una efeméride cualquiera.
Su conmemoración exige de un acto sencillo, significativo y profundo en los alrededores del punto geográfico donde fuera materializado el trascendental acontecimiento.
Allí han de intervenir varios de los reputados historiadores con que cuenta el país, además de las principales autoridades nacionales y provinciales, sin olvidar a los representativos de la diplomacia cubana, en ánimo de que retumbe, por los cuatro costados, sin exclusiones ni pasiones, quién fue Ulises Heureaux, cómo y por qué se produjo su ajusticiamiento y algo más, qué significó su caída.
Si el 26 de Julio de 1953 le demostró a Cuba y al mundo que las ideas persisten, el 26 de Julio de 1899 debe enseñarle a República Dominicana que las dictaduras sí se terminan.
Por eso sugerimos un acto plural y de memoria.
Moca hizo su parte en 1899.
Ahora le toca al país mirar esa fecha con seriedad, con elegancia, con datos y con verdad.
Hoy, más que nunca, es el momento para interiorizar que cuando un pueblo olvida cómo cerró sus épocas de opresión, corre el riesgo de abrirlas de nuevo.
Y eso, sinceramente, no es aconsejable…
of-am
Fuente original: AlMomento