El cristianismo como una nueva filosofía no tendría forma de sobrevivir ante las filosofías griegas contemporáneas. Un pueblo pequeño, y provincia romana no podría tener la influencia necesaria para desarrollar una filosofía que se hiciera universal, y conquistara a los pueblos de entonces. El apóstol Pablo, en Atenas fue confrontado por «algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos; y unos decían: Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección» Hc. 17:18.
El cristianismo no tenía manera de superar las dificultades que enfrentaba, a menos que hubiera una fuerza externa que lo sostuviera. Es evidente, que el imperio romano no permitía la subsistencia de algo que pusiese en peligro su estabilidad. De ahí que, Herodes buscó como matar a Jesús , desde que se mencionó que había nacido el rey de los judíos .Dios reveló a José estando en Egipto, diciéndole: «Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño» Mt. 2:20.
La política, las filosofías y la idolatría eran baluartes de los pueblos de entonces. Los griegos con las filosofías; los romanos con la política, y; los demás pueblos bajo las influencias de los dos últimos imperios, mantenían una idolatría extraordinaria con sus dioses. Pablo fue atacado por los que adoraban a la diosa Diana de los efesios, pues señalaban que él decía: «que no son dioses los que se hacen con las manos… Cuando oyeron estas cosas, se llenaron de ira, y gritaron diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios!» Hc.19: 26- 28.
La escogencia de los discípulos de Jesucristo, no representaba ninguna posibilidad de que el cristianismo pudiese extenderse dentro de Israel ni hacía otras comunidades. La mayoría eran simples pecadores, hombres del vulgo, sin grandes conocimientos. Otros, eran hombres «pecadores» reconocidos y rechazados. Eran hombres de bajo perfil. Sólo Jesucristo quien sabía que hacía, podía escoger a esos hombres para una labor tan grande.
Los discípulos se enojaban unos con otros, tenían recelos y buscaban grandezas unos sobre otros. Las doctrinas, llamado el cristianismo, en manos de estos hombres era un seguro fracaso. Pero en eso consistía el plan de Dios, buscar hombres que pudieran renunciar a lo poco que eran, para convertirse en hombres de Dios, cuando entendieran el tesoro del evangelio y todas las doctrinas cristianas.
Humanamente hablando, estos hombres no tenían capacidad para agregar, modificar o cambiar las enseñanzas que recibieron del Maestro Jesús. Ellos, simplemente, comunicarían lo que aprendieron. De ahí que, se les dio el Espíritu Santo para que les recordara, les enseñara y fuera su consolador. Esta nueva vida, los llevaba a ser leal a su Señor, por tanto, no se atribuían algo de lo que enseñaban.
El cristianismo tiene tres fuentes importantes, que verifican y justifican su veracidad: El Antiguo Testamento, o Biblia judía; Las enseñanzas directas de Jesucristo a sus discípulos, y; la obra reveladora del Espíritu Santo. Estas son pruebas de la veracidad del cristianismo, el cual ha permanecido por siglos y se ha extendido en todo el mundo. En consecuencia, no es una simple filosofía ni religión humana ni tampoco un medio político.
El cristianismo es una verdad absoluta que procede de Dios. Los modos de producción desaparecen, las ideologías políticas terminan, y las idolatrías se aumentan dentro de un contexto territorial. Sin embargo, el cristianismo permanece inalterable, a pesar de todas las contradicciones internas que buscan desestabilizarlo. El Nuevo Testamento, santificado por la sangre de Cristo, y cuyo testamento le corresponde, es el fundamento literario del Cristianismo.
Dios reveló su propósito y se ha reservado una familia, un reino, un pueblo que le corresponde según su palabra. El cristianismo cuenta con la aprobación de Dios, siendo entendido por aquellos que les buscan, quienes disciernen las enseñanzas y promesas de él, de un modo espiritual. De ahí que, cristianismo (Biblia), iglesias y Dios son inseparables. Por eso, Pablo escribió : …»para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad» I Ti. 3:15.
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Fuente original: AlMomento