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Framboyán: un viajero de Madagascar que conquistó el Caribe

Framboyán: un viajero de Madagascar que conquistó el Caribe

Cada año, entre finales de la primavera y el inicio del verano, el framboyán transforma el paisaje dominicano . Sus copas se cubren de flores rojas , anaranjadas y escarlatas que tiñen parques, avenidas y carreteras, convirtiéndolo en uno de los árboles ornamentales más admirados del país. Pocos imaginarían que esta especie, tan asociada al Caribe, no es originaria de la región.

El framboyán ( Delonix regia ) procede de los bosques secos del oeste y norte de Madagascar , la gran isla situada frente a la costa oriental de África. Desde allí comenzó su expansión durante el siglo XIX , cuando botánicos y exploradores europeos distribuyeron sus semillas a jardines botánicos y colonias tropicales. El clima cálido y las lluvias estacionales del Caribe favorecieron su rápida adaptación, hasta el punto de convertirse en un elemento inseparable del paisaje urbano y rural de las Antillas.

Una historia y Francia

Su nombre común también tiene una historia. Proviene del francés flamboyant , que significa “llameante” o “flameante”, una referencia a la intensidad de su floración , que hace parecer al árbol envuelto en llamas. Su nombre científico también describe algunas de sus características. Delonix deriva de las palabras griegas dçlos (“visible” o “conspicuo”) y ónyx (“uña”), en alusión a la forma de sus pétalos, mientras regia significa “real” en latín, un reconocimiento a la majestuosidad de su porte y de sus flores.

Te puede interesar Antes de recibir esa clasificación científica, la especie fue incluida en el género Poinciana , en honor del gobernador francés de las Antillas Philippe de Longvilliers de Poincy , reconocido por su interés en la botánica. Por esa razón, en algunos países de habla inglesa todavía se le conoce como royal poinciana .

En la República Dominicana , el framboyán ha trascendido su valor ornamental para incorporarse a la cultura popular . Un conocido refrán resume el ciclo natural del árbol y lo convierte en metáfora de las relaciones humanas: “ Primero son las flores; después las vainas ”. La expresión popular suele aplicarse al amor para recordar que el entusiasmo de los comienzos da paso, inevitablemente, a la convivencia, las responsabilidades y los desafíos cotidianos.

Siempre las vainas

Cuando las flores caen y forman una alfombra de color sobre calles y parques, el framboyán ofrece uno de los espectáculos más hermosos del trópico.

Después llegarán las largas vainas oscuras que contienen sus semillas y anuncian el fin de la floración . Es el cierre de un ciclo que, año tras año, vuelve a repetirse, recordando que la naturaleza siempre encuentra la manera de renacer.

Fuente: Diario Libre.

Fuente original: Diario Libre

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