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Geopolítica de dependencias

Geopolítica de dependencias

En geopolítica , las apariencias suelen ser engañosas. Lo que a primera vista parece una victoria puede terminar sembrando las condiciones de una derrota futura. La historia está llena de países que confundieron una ventaja coyuntural con una posición permanente de poder y descubrieron demasiado tarde que el uso excesivo de esa ventaja empujaba a los demás a buscar alternativas.

Tras analizar el memorando de entendimiento suscrito entre Estados Unidos e Irán, podría concluirse que Teherán logró una posición relativamente favorable. Incluso si cumpliera su compromiso de no desarrollar un arma nuclear —aspecto sobre el que persisten legítimas inquietudes—, ha recordado al mundo la existencia de un instrumento de presión de enorme alcance: la capacidad de amenazar el tránsito por el Estrecho de Ormuz . Por esa estrecha franja marítima circula aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el planeta. Su interrupción tendría consecuencias inmediatas para la economía mundial.

Sin embargo, toda herramienta de presión contiene una paradoja. Cuanto más evidente resulta su capacidad de causar daño, mayor es el incentivo para que otros reduzcan su dependencia de ella. Los países del Golfo tienen razones para acelerar la construcción de oleoductos y gasoductos alternativos. Las principales economías del mundo tienen motivos para profundizar la transición hacia fuentes renovables de energía. Y los grandes consumidores, particularmente China , seguirán invirtiendo en la diversificación de sus fuentes de abastecimiento.

Si dentro de dos o tres décadas una proporción significativamente menor del petróleo mundial transita por Ormuz, la capacidad de presión iraní será también menor. Lo que hoy constituye una fortaleza estratégica podría convertirse gradualmente en una ventaja erosionada por las decisiones que otros adopten precisamente para neutralizarla.

El fenómeno no es exclusivo de Irán. China enfrenta un dilema semejante con las tierras raras , minerales indispensables para múltiples industrias tecnológicas. Su posición dominante le proporciona influencia, pero el uso de esa influencia como instrumento de presión acelera la búsqueda de proveedores alternativos, nuevas tecnologías y procesos de reciclaje que reduzcan la dependencia del mercado chino.

La misma lógica aparece en la política comercial estadounidense . El enfoque asociado al lema America First parte de una preocupación legítima: la pérdida de capacidad industrial y la creciente dependencia de cadenas de suministro ubicadas fuera del país. Sin embargo, los aranceles y otras medidas de protección económica generan efectos complejos. Pueden ofrecer alivio temporal a determinados sectores, pero también provocan respuestas de otros actores y obligan a empresas y gobiernos a reorganizar sus estrategias.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos promovió un sistema comercial relativamente abierto que terminó convirtiéndose en uno de los pilares de su influencia global . Modificar ese esquema supone beneficios potenciales, pero también costos y riesgos que solo pueden evaluarse con una perspectiva de largo plazo. Tampoco parece probable que una futura administración demócrata abandone completamente esta orientación. La competencia estratégica con China ha dejado de ser una política partidaria para convertirse en una política de Estado.

Incluso el papel internacional del dólar puede analizarse desde esta perspectiva. La moneda estadounidense sigue siendo el principal instrumento financiero global, pero el uso creciente de sanciones económicas y restricciones financieras ha llevado a numerosos países a explorar mecanismos alternativos de pago y acumulación de reservas. Ninguna de esas iniciativas parece capaz de reemplazar al dólar en el futuro previsible, pero revelan una tendencia que merece atención.

Lo que conecta todos estos casos es una misma dinámica. Cuando una nación utiliza una posición dominante como instrumento de presión , induce a otros actores a invertir recursos para reducir su dependencia. A veces el proceso toma años; otras veces, décadas. Pero rara vez permanece inmóvil.

Desde esta óptica, la situación haitiana también merece ser observada con una mirada estratégica y no únicamente reactiva. La República Dominicana ha realizado esfuerzos significativos para mantener la atención internacional sobre el deterioro institucional de Haití y debe continuar haciéndolo. Sin embargo, el desafío migratorio exige igualmente respuestas internas que combinen firmeza, realismo y capacidad de gestión.

En ese contexto, podría evaluarse la creación de permisos temporales de trabajo para sectores específicos con necesidades comprobadas de mano de obra, como la agricultura y la construcción. Un mecanismo de esa naturaleza permitiría reducir espacios para la informalidad, mejorar la supervisión estatal y responder a requerimientos concretos de la economía nacional. Ninguna medida resolverá por sí sola un problema de tal magnitud, pero ignorar las realidades económicas tampoco contribuye a solucionarlo.

Los temas aparentan estar dispersos. No lo están. Todos forman parte de una misma conversación sobre el poder y sus límites. Irán y Ormuz, China y las tierras raras , Estados Unidos y los aranceles, el dólar y las sanciones, Haití y la migración dominicana son expresiones distintas de una misma verdad geopolítica : ninguna ventaja es eterna cuando quienes dependen de ella tienen incentivos suficientes para dejar de depender. La historia, al final, suele castigar menos la escasez de recursos que la ilusión de que esos recursos garantizan poder para siempre.

Fuente: Diario Libre.

Fuente original: Diario Libre

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