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La cooperación sigue siendo el desafío de las Américas

La cooperación sigue siendo el desafío de las Américas

Hay conmemoraciones que se limitan a mirar el pasado , y hay otras que lo interrogan .

Conmemorar el Bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá no consiste únicamente en rendir homenaje a una fecha. Consiste en preguntarnos qué nos sigue diciendo hoy aquella extraordinaria propuesta de cooperación entre las naciones americanas.

Permítanme, en nombre del Presidente Luis Abinader , expresar el agradecimiento de República Dominicana al Gobierno y al pueblo de Panamá por la cálida hospitalidad con que nos reciben.

No es casual que sea Panamá quien custodie este lugar de la memoria continental. Este istmo , vocación natural de encuentro, tránsito y conexión, ha sido durante siglos un punto de convergencia de pueblos , culturas , economías e ideas.

El 22 de junio de 1826 , representantes de las nuevas repúblicas americanas se reunieron en esta sala para dar forma a una idea que Simón Bolívar había venido madurando desde años antes.

En su Carta de Jamaica escribió:

“Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación …”

Aquella visión no pretendía borrar las diferencias entre nuestros pueblos ni desconocer la realidad de sus intereses diversos. Buscaba algo más práctico y ambicioso a la vez: crear mecanismos permanentes de concertación para preservar la independencia recién conquistada, promover la cooperación y resolver pacíficamente sus diferencias .

Por primera vez en nuestro hemisferio se intentaba dar expresión institucional a principios que hoy consideramos esenciales: la igualdad soberana de los Estados , la solución pacífica de las controversias y la cooperación frente a desafíos compartidos.

Se suele debatir si el Congreso de Panamá alcanzó los objetivos que sus promotores imaginaron.

Quizás la interrogante más importante sea:

¿Estaba Bolívar adelantado a su tiempo ?

Como ocurre con ciertos arquitectos que imaginan una obra para la cual todavía no existen todos los materiales necesarios , Bolívar concibió una arquitectura política e institucional que el continente aún no estaba en condiciones de construir plenamente.

Y lo hizo, además, con plena conciencia de las dificultades .

Conocía de primera mano las diferencias geográficas, económicas y políticas que separaban a las nuevas repúblicas.

Sabía que la empresa era compleja.

Pero entendía algo que conserva plena vigencia dos siglos después: que la cooperación resulta más necesaria precisamente cuando las diferencias son mayores.

Bolívar no convocó este Congreso por un romanticismo integracionista .

Lo hizo por una convicción estratégica .

Comprendió que las naciones que logran prosperar y preservar su independencia son aquellas capaces de construir confianza , generar reglas estables y sostener espacios permanentes de entendimiento .

La visión de Panamá tampoco desapareció con la generación de las independencias .

Inspiró a hombres y mujeres de distintas épocas que comprendieron que la libertad de nuestros pueblos requería algo más que la emancipación política: requería instituciones capaces de sostenerla y una visión compartida de futuro.

Entre ellos destacan figuras tan diversas como San Martín , Sucre , Artigas , O’Higgins , Morazán y muchos otros que contribuyeron a forjar nuestras repúblicas.

Tres de esos referentes ilustran dimensiones complementarias de una misma aspiración americana: Simón Bolívar , artífice de este Congreso y símbolo de la unidad; José Martí , pensador y patriota cubano que entendió la libertad como una empresa de solidaridad entre nuestros pueblos ; y Juan Pablo Duarte , padre fundador de República Dominicana , para quien la soberanía debía descansar en el derecho, la dignidad humana y la responsabilidad cívica.

A partir de 1826 , la historia de las Américas puede entenderse, en buena medida, como la construcción gradual de instrumentos destinados a acercarnos a aquel ideal .

Desde la Unión de Repúblicas Americanas y la Unión Panamericana hasta la Organización de los Estados Americanos y el sistema interamericano de derechos humanos, se fue consolidando una tradición hemisférica basada en la solución pacífica de controversias, la cooperación y el respeto a la soberanía de los Estados .

Nada de ello es perfecto .

Ninguna institución humana lo es.

Pero sería igualmente injusto ignorar cuánto hemos avanzado .

Desde hace décadas, nuestros Estados han demostrado una notable capacidad para resolver sus diferencias sin recurrir a conflictos armados entre sí.

Pero la historia de la integración americana no ha sido escrita únicamente por gobiernos , congresos y organizaciones internacionales .

También ha sido construida por nuestros pueblos .

Por generaciones de hombres y mujeres que cruzaron fronteras para estudiar , trabajar, emprender, comerciar, enseñar, investigar, crear y formar familias.

Y por una extraordinaria diversidad de pueblos y culturas que han enriquecido nuestro hemisferio.

Esa historia incluye las contribuciones de los pueblos originarios, cuyas culturas y conocimientos forman parte esencial de la identidad americana ; las tradiciones surgidas del encuentro entre América, Europa, África y otras corrientes migratorias; las aportaciones de las naciones latinoamericanas y caribeñas en toda su diversidad lingüística y cultural; la gravitación indispensable de Brasil en la construcción regional; y las contribuciones de América del Norte al desarrollo de los espacios de cooperación hemisférica.

La historia de las Américas no pertenece a una sola lengua, una sola tradición, una sola región ni una sola generación.

La diversidad ha sido una de nuestras mayores fortalezas .

Señores Presidentes y colegas:

Vivimos una época marcada por profundas transformaciones tecnológicas, económicas y geopolíticas .

Disponemos de herramientas de comunicación y coordinación que Bolívar jamás habría podido imaginar.

Y, sin embargo, persiste una paradoja .

Los obstáculos materiales que enfrentaban los hombres de 1826 prácticamente han desaparecido.

Pero el desafío de construir consensos políticos duraderos sigue acompañándonos.

La capacidad de actuar concertadamente continúa siendo nuestro gran desafío.

Frente a ello, no faltan voces que expresan frustración ante las limitaciones de las instituciones internacionales y regionales .

Pero la respuesta a las imperfecciones de la cooperación internacional no puede ser el abandono de la cooperación misma.

La experiencia histórica demuestra que los períodos de mayor progreso para nuestras naciones no han surgido de la uniformidad .

Han surgido de la capacidad de construir acuerdos aun en medio de las diferencias .

Por eso, el ideal que inspiró a Bolívar conserva plena vigencia.

Los desafíos del siglo XXI siguen exigiendo aquello que Bolívar comprendió con extraordinaria claridad: que las naciones de las Américas avanzan más cuando cooperan que cuando se aíslan.

Quizás la pregunta que debemos hacernos hoy no es: ¿por qué no hemos alcanzado exactamente la visión de Bolívar ?

Quizás la pregunta sea otra:

¿Estamos aprovechando plenamente las posibilidades de cooperación que nos ofrecen un mundo interconectado y unas instituciones que aquellos hombres apenas podían imaginar?

Nos corresponde demostrar que somos capaces de construir consensos con herramientas que ellos nunca tuvieron.

Nos corresponde ejercer liderazgos capaces de combinar realismo con visión .

Y nos corresponde recuperar la audacia intelectual que permitió imaginar un futuro compartido para nuestros pueblos .

Presidentes:

Las generaciones que nos precedieron nos legaron la independencia .

La cooperación debe ser uno de los grandes logros de nuestro tiempo.

Ese es, quizás, el mensaje más actual del Congreso Anfictiónico .

Si hace dos siglos Panamá fue el lugar donde se imaginó una comunidad de naciones , este bicentenario nos recuerda que la tarea de seguir construyéndola sigue siendo un compromiso ineludible.

Fuente: Diario Libre.

Fuente original: Diario Libre

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