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La victoria de Darializa Ávila Chevalier: cuando la esperanza derrota al miedo

La victoria de Darializa Ávila Chevalier: cuando la esperanza derrota al miedo

POR RAFAEL PASIAN

Las elecciones son, en esencia, conversaciones colectivas entre un pueblo y su futuro. A veces esas conversaciones transcurren en calma; otras veces se desarrollan en medio de tensiones, prejuicios y campañas destinadas a despertar los instintos más primitivos de la sociedad. Lo ocurrido recientemente en el Distrito 13 constituye una de esas ocasiones en las que los votantes fueron llamados a decidir no solamente entre dos candidaturas, sino entre dos formas distintas de entender la política.

La victoria de Darializa Ávila Chevalier representa mucho más que el triunfo de una candidata joven frente a un político veterano. Representa la voluntad de una comunidad de abrir espacio a una nueva generación de liderazgo, más cercana a las preocupaciones cotidianas de la gente y más conectada con las transformaciones sociales de nuestro tiempo.

En un artículo anterior advertíamos sobre el peligro del discurso racista, xenófobo y discriminatorio que comenzó a infiltrarse en algunos sectores de la campaña. La historia demuestra que cuando los argumentos escasean, los prejuicios suelen ocupar su lugar. Cuando faltan propuestas para mejorar la vida de las personas, aparecen los intentos de sembrar miedo hacia quienes son diferentes.

Durante meses vimos cómo sectores vinculados a la vieja política intentaron convertir el origen, la identidad y las características personales de una candidata en tema central del debate público. En lugar de discutir vivienda asequible, acceso a la salud, calidad de la educación, seguridad comunitaria, empleo digno o desarrollo económico, se promovieron narrativas destinadas a dividir a los votantes.

Resultó particularmente preocupante observar cómo figuras políticas, comentaristas, artistas e influenciadores fueron movilizados para intervenir en una elección local con el propósito de influir emocionalmente sobre sectores específicos de la comunidad dominicana de Nueva York. La intención parecía evidente: desplazar la discusión de los problemas reales del distrito hacia temas identitarios capaces de generar temor y resentimiento.

Sin embargo, los ciudadanos demostraron una madurez democrática admirable.

Los votantes comprendieron que las campañas negativas rara vez construyen hospitales, reducen alquileres, mejoran escuelas o crean oportunidades para los jóvenes. Comprendieron que el miedo puede ganar titulares, pero difícilmente gana el corazón de una comunidad que ha aprendido a convivir en la diversidad.

La victoria de Darializa fue posible porque logró conectar con una realidad que muchos habitantes del Distrito 13 viven diariamente. Miles de familias enfrentan alquileres excesivos, costos de vida cada vez más altos, dificultades para acceder a servicios de salud de calidad y una creciente incertidumbre económica. Frente a esos desafíos, la candidata presentó una visión basada en la inclusión, la justicia económica y la ampliación de oportunidades.

Su agenda progresista parte de una idea sencilla pero poderosa: una sociedad prospera cuando la prosperidad alcanza a la mayoría y no solamente a unos pocos.

Eso significa fortalecer la educación pública, ampliar el acceso a servicios médicos, defender los derechos de los trabajadores, apoyar a pequeños negocios, proteger a las familias inmigrantes que cumplen la ley y garantizar que el crecimiento económico beneficie a quienes producen la riqueza con su trabajo diario.

Los adversarios intentaron presentar estas propuestas como radicales. Pero la historia de los Estados Unidos demuestra que muchas de las reformas que hoy consideramos normales —la seguridad social, los derechos civiles, las protecciones laborales y las oportunidades educativas— fueron calificadas de radicales cuando surgieron.

El progreso siempre encuentra resistencia antes de convertirse en sentido común.

Darializa Ávila Chevalier encarna además una renovación generacional que resulta necesaria en toda democracia saludable. La juventud no garantiza virtud, pero aporta energía, nuevas perspectivas y una comprensión distinta de los desafíos contemporáneos. Su liderazgo ha logrado entusiasmar a sectores que durante años se sintieron alejados de la política tradicional.

Lo que muchos observan hoy como una victoria local podría convertirse en el inicio de una trayectoria con impacto mucho más amplio. Los líderes que consiguen unir comunidades diversas, inspirar participación ciudadana y construir consensos suelen trascender los límites de sus primeras responsabilidades públicas.

El futuro dirá hasta dónde llegará ese recorrido.

Por ahora, lo importante es comprender el mensaje enviado por los votantes: rechazaron la división como estrategia política y apostaron por la esperanza como instrumento de transformación social.

La democracia habló.

Y cuando la democracia habla con claridad, corresponde escucharla con respeto.

El desafío de Darializa comienza ahora. Las expectativas son grandes y las responsabilidades aún mayores. Pero si logra mantener la honestidad, la cercanía con la gente y el compromiso con la justicia social que inspiraron su campaña, su liderazgo podrá proyectarse más allá del Distrito 13 y contribuir a los debates nacionales e internacionales que definirán el siglo XXI.

Porque al final, las sociedades avanzan cuando los ciudadanos dejan de preguntarse quién pertenece y comienzan a preguntarse cómo construir juntos un futuro mejor para todos.

of-am

Fuente original: AlMomento

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