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Mariasela Álvarez y Amelia Vega, las únicas dominicanas Miss Mundo y Miss Universo

En más de seis décadas de participación en certámenes internacionales, apenas dos dominicanas han conseguido alzarse con las coronas más codiciadas del mundo de la belleza. Mariasela Álvarez Lebrón ganó el Miss Mundo en 1982 y Amelia Vega obtuvo el Miss Universo en 2003, dos hitos que pusieron a República Dominicana en el mapa de la industria y que siguen siendo motivo de orgullo nacional más de cuarenta años después del primero.

Mariasela Álvarez tenía 22 años cuando, el 18 de noviembre de 1982 en Londres, logró alzarse con la corona del Miss Mundo al convertirse en la primera dominicana en obtener un galardón de belleza de proyección internacional. Su victoria causó un impacto inmediato en un país que por entonces participaba de forma limitada en eventos de escala global. La joven arquitecta cautivó al jurado por su desenvoltura, preparación y porte. Tras cumplir su reinado, se retiró del ambiente de los concursos para edificar una carrera en televisión, periodismo y producción de contenidos, hasta convertirse en una de las comunicadoras de mayor influencia en el país.

Dos décadas después, el 3 de junio de 2003 en Ciudad de Panamá, Amelia Vega hizo historia: con 18 años y 1.85 metros de estatura se convirtió en la primera dominicana —y continúa siendo la única— en ganar Miss Universo. Marcó récords como una de las soberanas más jóvenes y altas en la historia del concurso. Su corona afirmó la posición de República Dominicana como un referente de peso en los eventos de belleza internacionales y proyectó la imagen del país en la arena mundial del entretenimiento.

El legado de ambas trasciende el ámbito de los concursos de belleza. Mariasela Álvarez desarrolló una carrera multifacética que abarcó la conducción de programas de debate y actualidad, la producción audiovisual y el activismo social. Amelia Vega, por su parte, incursionó en el modelaje, la actuación y la música, y ha mantenido una presencia activa en eventos benéficos y culturales dentro y fuera del país. Ambas demostraron que un reinado puede ser el punto de partida de una trayectoria de largo aliento. Sus coronas abrieron el camino para que decenas de jóvenes dominicanas soñaran con seguir sus pasos y posicionaron al país como semillero de talento en la industria de la belleza y el entretenimiento a nivel mundial.

Con información de N Digital.

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