Por LUIS TEJADA
En redes sociales circulan llamados de políticos dominicanos con cierto liderazgo para orientar el voto en las elecciones del Distrito Congresional 13 de Nueva York, pautadas para el martes 13 de junio.
Más que impropia, esa intervención es injerencia. Asuntos del NY-13 solo le competen a sus votantes y residentes. Que altos funcionarios de República Dominicana intenten dirigir el voto de la diáspora confirma algo incómodo: sectores del poder en Santo Domingo siguen viendo a los dominicanos en el exterior no como ciudadanos con voz propia, sino como instrumentos económicos y capital político manipulable.
Por décadas la diáspora ha sido tratada como caja de remesas. Cada año envía más de 10 mil millones de dólares que sostienen hogares, comunidades y sectores enteros de la economía dominicana. Pero cuando se revisa el historial de la clase política, la verdad es otra: el Estado dominicano ha mostrado más interés en extraer recursos que en defender derechos, fortalecer representación o proteger dignidad.
Por eso suena hipócrita que funcionarios que nunca legislaron seriamente por la diáspora pretendan ahora decirle a los dominicanos en Nueva York por quién votar. Carecen de autoridad moral. No conocen el peso del alquiler en Washington Heights, el miedo al desalojo en Inwood, la angustia del bodeguero en el Bronx, ni la incertidumbre del joven dominicano que, aun nacido aquí, sigue atrapado entre exclusión económica, racialización y falta de oportunidades.
La crisis del NY-13 no es casual. Es el resultado de un modelo que priorizó la especulación inmobiliaria, la gentrificación y la concentración de riqueza por encima de las comunidades trabajadoras. Fondos de inversión, desarrolladores y caseros depredadores convirtieron nuestros barrios en mercados de extracción. Familias desplazadas, negocios históricos cerrados, identidad cultural erosionada. Y todo respaldado por actores políticos que hablan de progreso mientras administran el desarraigo y financian sus campañas con cientos de miles de dólares provenientes de esas mismas élites.
Después de más de tres décadas de representación dominicana en espacios de poder, la pregunta es legítima: ¿qué ha cambiado para la mayoría? Los alquileres siguen subiendo, la vivienda digna se aleja, el empleo estable escasea y el costo de vida asfixia. La representación simbólica, sin transformación material, es fachada.
Defender de forma automática al establishment equivale a defender el orden que normalizó el desplazamiento. Respaldar a quienes guardaron silencio ante desalojos, abusos de caseros y transferencia de riqueza hacia las élites, es prolongar un sistema que premia a los poderosos y sacrifica a los vulnerables.
Más aún, apoyar liderazgos alineados a estructuras imperiales y agendas militaristas internacionales implica respaldar políticas exteriores que amplios sectores globales denuncian por facilitar violencia y destrucción, incluida la devastación de civiles en conflictos como el de Gaza. La política local no se separa de las alianzas éticas y geopolíticas que cada liderazgo sostiene.
La comunidad dominicana del Distrito 13 tiene derecho a romper con la obediencia heredada. Tiene derecho a cuestionar, desafiar y sustituir a quienes administraron la crisis sin resolverla. Tiene derecho a apostar por un liderazgo nuevo, combativo y comprometido con el inquilino, el pequeño negocio, la juventud y la dignidad colectiva.
Por eso propone a Darializa Avila Chevalier: joven de ascendencia dominicana que ofrece una gestión más humana y equilibrada, enfocada en los males que viven los dominicanos de aquí, los que luchan día a día para sostenerse y sostener a los de allá.
Los dominicanos en Nueva York no necesitan tutores desde Santo Domingo. No necesitan padrinos del poder. Necesitan líderes que conozcan su dolor, compartan sus luchas y enfrenten los intereses que lucran con su desplazamiento.
El tiempo del miedo político terminó. El tiempo de la obediencia silenciosa terminó.
La diáspora dominicana no está para recibir órdenes. Está para ejercer poder, reclamar justicia y decidir su futuro con plena soberanía política.
Fuente original: AlMomento