No hubo una reforma fiscal visible… pero sus efectos ya se han sentido en la economía real. Más allá del discurso público, se han venido acumulando decisiones que impactan directamente el costo de operar, producir y consumir en el país:
Aumento en peajes
Incremento en el marbete vehicular
Ajustes en los anticipos del Impuesto sobre la Renta (ISR), incluso obligando a pagar impuestos a empresas que no están percibiendo ingresos en determinados períodos
Tributación sobre beneficios financieros previamente gravados por el ISR
Impuestos de importación que encarecen productos y materias primas
Aplicación del ITBIS sobre bienes y servicios
Impacto de la tasa del dólar (US$) en una economía altamente dependiente de importaciones
Revisión del impuesto sobre residuos sólidos, debido a la alta carga porcentual que representaba, sumado al pago por recogida de basura
A esto se suma un elemento clave : en muchos casos se tributa en función de estimaciones, no de la realidad financiera del momento. El resultado no es abstracto. Es concreto.
Se elevan los costos operativos de las empresas
Se reduce su liquidez
Se limita su capacidad de reinversión
Se presiona por la sostenibilidad , especialmente en las pequeñas y medianas empresas .
Esto no es solo un tema de legalidad. Es un tema de equilibrio , sostenibilidad y visión de desarrollo . Este tipo de implementación gradual y fragmentada responde a una lógica ampliamente descrita desde Nicolás Maquiavelo en El príncipe : los cambios progresivos tienden a generar menor resistencia que los cambios concentrados.
¿Estamos protegiendo realmente a las empresas ? ¿A los pequeños y medianos negocios? Esa es una pregunta clave cuando analizamos la sostenibilidad económica de un país. Porque más allá de los ajustes fiscales y del aumento en los costos operativos , hay un tema de fondo: la capacidad del sector productivo para sostenerse, crecer y seguir generando empleo.
El empresariado es una de las principales fuentes de empleo para los dominicanos. Las empresas no solo producen bienes o servicios. Son la principal fuente de trabajo para miles de dominicanos y sus familias. Cuando una empresa crece, genera oportunidades. Cuando se debilita, el impacto se multiplica. La sostenibilidad empresarial tiene un efecto directo en la estabilidad social .
En el sector privado se promueve, en mayor medida, la meritocracia , la formación y la capacitación continua como vía de crecimiento. Cuando una empresa tiene 100 empleados, no impacta solo a 100 personas. Puede impactar fácilmente a 300 o 500 personas si consideramos a las familias que dependen de esos ingresos.
Por eso, vale la pena reflexionar con seriedad: ¿Estamos creando condiciones para que las empresas prosperen… o para que simplemente sobrevivan? Porque si la carga sobre el sector productivo se vuelve cada vez más exigente, corremos un riesgo: debilitar la base que sostiene el empleo y la dinámica económica. Y aquí surge una reflexión importante, que muchas veces se expresa de forma coloquial: No podemos “afectar la gallina de los huevos de oro”.
El sueño de emprender… ¿protegido o acechado?
En medio de este panorama, surge otro elemento clave : los emprendedores . Muchas personas sueñan con iniciar su propio negocio, aportar ideas innovadoras y generar empleo . Pero la pregunta es inevitable: ¿el Estado protege realmente a estas nuevas empresas , o las deja como Caperucita Roja frente al lobo feroz?
El discurso oficial habla de apoyo, incubadoras y programas de financiamiento. Sin embargo, la realidad cotidiana muestra otra cara: trámites engorrosos , cargas fiscales desproporcionadas y un acceso limitado al crédito. En lugar de un entorno que impulse la creatividad y la inversión, muchos emprendedores sienten que deben sobrevivir en un bosque lleno de riesgos.
La metáfora es clara: el emprendedor representa la esperanza, la innovación y el futuro. El “lobo” son las barreras estructurales que amenazan con devorar ese sueño antes de que pueda crecer. Si el Estado no asume un rol de verdadero protector, el resultado es un ecosistema empresarial frágil , donde las ideas mueren antes de convertirse en proyectos sostenibles.
Un país no puede sostenerse únicamente con el gasto público . Necesita un sector productivo fuerte, dinámico y sostenible. El Estado tiene un rol fundamental: regular, recaudar y redistribuir. Pero también tiene el desafío de crear condiciones para que la economía crezca.
Porque sin crecimiento productivo:
· Se limita la generación de empleo
· Se reduce la base tributaria
Se debilita la capacidad de mejorar la calidad de vida de la población.
Entonces, más que una discusión ideológica , esto es una reflexión de equilibrio .
¿Cómo logramos un sistema donde se recaude de manera justa…?
¿Cómo se incentivan la producción, la inversión y el empleo?
¿Cómo protegemos al ciudadano… sin debilitar al mismo tiempo al sector que genera oportunidades?
Y también vale la pena reflexionar:
¿Qué tipo de ejemplo estamos dando, desde las instituciones públicas, a la ciudadanía en general?
¿Qué valores estamos transmitiendo a nuestra juventud?
¿Estamos fortaleciendo una cultura de mérito , ética y preparación?
La pregunta entonces no es solo qué está ocurriendo, sino:
¿Estamos comprendiendo cómo estas decisiones afectan la economía real y el empleo?
¿Se está fortaleciendo o debilitando el tejido empresarial?
¿Existe un equilibrio entre lo que se recauda y lo que se devuelve en servicios?
¿Estamos formando personas que analicen… o que solo se adapten?
¿Quién protege al ciudadano y al sector productivo ?
Entonces, cuando decimos “la cosa está mala ”, no es solo una percepción. Es la consecuencia de una estructura de costos creciente en un entorno donde producir, sostenerse y generar empleo se vuelve cada vez más complejo.
Pero hay un punto aún más importante: la comprensión . Si no entendemos cómo funcionan estos mecanismos, reducimos todo a una frase: “la cosa está mala ”. Porque al final, una sociedad que no interpreta lo que sucede difícilmente puede incidir en ello.
Fuente: Diario Libre.
Fuente original: Diario Libre