POR EL DR. TITO ESTRELLA CAENA
El ejercicio de la psiquiatría contemporánea se desarrolla hoy en un escenario de crisis profunda: la modernidad líquida.
No es solo un cambio de época, sino una mutación del sentido mismo de la existencia.
En este mundo unipolar y globalizado, las estructuras que antes daban solidez a la identidad , la familia, la moral y la comunidad, se han disuelto.
Lo que queda es un vacío de utopías, que ha dado paso a una forma de deshumanización sistémica, donde la pérdida de valores fundamentales, ha dejado al individuo a la deriva, sin una razón clara.
I- La Educación en la encrucijada: El Estudiante Mercantilista.
Como docente universitario, observo con alarma un fenómeno que parece universal, la llegada de bachilleres con una formación de base debilitada y una visión mercantilista de la medicina.
Estos jóvenes, hijos de la inmediatez digital, llegan a las aulas, con la mirada puesta en el lucro. Para muchos, la carrera ya no es un sacerdocio o un compromiso con el alivio del sufrimiento, sino una simple vía de ascenso económico.
Existe un desinterés profundo, por los temas éticos y humanísticos, se busca el «cómo» la técnica rentable) pero se desprecia el «porqué» (el fundamento moral).
Esta ausencia de valores, es el primer paso hacia una práctica médica fría, donde el paciente deja de ser una persona, para convertirse en una transacción.
II. La Dictadura del Espectáculo y la Muerte del Experto.
Esta pérdida de valores, se manifiesta también en el espacio público, nos enfrentamos a una
lucha titánica y desigual, contra las redes sociales.
Allí, individuos sin formación académica, opinan sobre la psique humana, con una ligereza peligrosa, siendo a menudo más escuchados que los expertos.
En un mundo líquido, la verdad no importa tanto como el engagement. Esta democratización del error impone una carga ideológica que fragmenta al sujeto, promoviendo diagnósticos de moda y soluciones mágicas, que sólo profundizan la angustia existencial del paciente.
III. La Historia de Vida: El Último Refugio de la Humanidad.
Frente a este panorama, reivindico la esencia de nuestra especialidad.
En psiquiatría no sólo escuchamos síntomas, somos oyentes de historias de vida.
Este es el privilegio más grande de nuestra profesión y nuestra principal herramienta de resistencia.
Escuchar la biografía del paciente es devolverle la dignidad que el mercado le quita. Es reconocer que su dolor no es un error químico, sino un fragmento de una historia humana que merece respeto. Mientras la medicina técnica busca «arreglar», la psiquiatría humanista busca «comprender».
IV. La Cátedra como Espacio de Subversión Ética.
Como orgulloso catedrático universitario mi labor en las aulas, trasciende la enseñanza de criterios diagnósticos, se trata de una labor de «subversión ética» frente al desierto de valores del bachiller actual.
Intento que el estudiante se detenga, que guarde el dispositivo digital y aprenda a sostener la
mirada al paciente.
Mi objetivo es que comprendan, que un título puede hacerlos técnicos, pero solo la formación moral y el respeto por la historia de vida, los hará médicos.
Me duele ver la erosión de los valores, en las nuevas generaciones, pero confío en que la esencia de nuestra formación aún puede rescatarse, si volvemos la mirada a lo que realmente importa.
V. La Trinchera del Pensamiento: Hostos, Descartes y el «Reset»
Mi práctica se sostiene sobre pilares que hoy parecen olvidados. Mi formación es hostosiana,
creyendo firmemente en la moral como norte; es cartesiana, aplicando el rigor del método para
no naufragar en el caos; y sobre todo, es humanista.
El dolor ajeno no me es indiferente, pero mi estructura mental me permite procesar la
información, recetar y, al final del día, ejecutar un «reset».
Envío lo que no es útil a la «papelera de reciclaje» de mi cerebro, para preservar mi integridad. No es falta de empatía, es la disciplina de un clínico que sabe que para salvar a otro, debe mantener sus propios anclajes firmes.
Conclusión
La lucha es desigual, pero debemos seguir, la psiquiatría es la guardiana de la subjetividad, en
un mundo que intenta licuarla.
Nuestra misión no es solo ajustar neurotransmisores, sino rescatar la razón de ser de nuestros pacientes y alumnos.
Solo volviendo a los valores moralesy a la escucha profunda, podremos frenar esta deshumanización galopante y devolverle a la medicina su verdadero propósito: el servicio incondicional al ser humano.
sp-am
Fuente original: AlMomento